
Mis cristalinos ojos azulados observaban todos y cada uno de los sutiles movimientos que Dawn efectuaba frente a mí, a medida que cada una de mis palabras escapaban de mis labios, profesando por el momento obvias verdades que resultaban apenas trivialidades ante todo lo que le quedaba por saber. Como agujas punzantes, invadían el ambiente ya tenso –al mismo tiempo ligeramente disipado- esperando, quizá, obtener algún tipo de reacción en las facciones aniñadas de la muchacha que procesaba cada porción de información que le había otorgado. En sus gestos se reflejaban años de ignorancia, años de estar oculta entre las tinieblas sin saber que textura poseía la tierra, que tan dañina resultaba la luz del pleno día. O quizá, la esencia pura de la primavera. Me resultaba demasiado insólito el siquiera imaginar la increíble fuerza de voluntad, o mejor dicho, de su propio subconsciente por ocultar respuestas que ella ya sabía pero que aun así desconocía completamente. Sin embargo, una porción de mi entendimiento razonaba que había sido lo mejor que le hubiera podido ocurrir en todos estos años. Su alma aun era demasiado frágil, a pesar de que se sintiese preparada para la verdad, no hubiera sido capaz de soportarlo de haber sido de otra forma. Merlín solo sabía cuanto me importaba la felicidad de la pequeña alemana, y mis fervientes deseos de que las columnas que sostenían el peso de su existencia aun mantuvieran su solidez, sin que grietas de ningún tipo resquebrajaran su humanidad. Como había pasado con la mía. ¿Acaso aquello me convertía en un ser débil? Pues con gusto aceptaba aquella irrefutable verdad. Dawn se había convertido en mi debilidad. Era la única que quedaba tras haber perdido valiosas vidas a lo largo de los años, el caprichoso destino se había encargado de hacerlo por sí mismo. Y no estaba dispuesta a perderla a ella también. Ya había olvidado algún momento en mi vida en que no demostrara otra cosa más que frialdad e indiferencia por las desgracias ajenas, es más: me reía de ellas. Sin motivación aparente, alimentando la ya descrita e innegable alma enigmática que poseía. Entre mis supuestas amistades existía una colección de fenómenos de circos, de seres humanos rotos por dentro o con algún pasado oscuro, y hasta el más flexible y sumiso sujeto cuyo interior salvaguardaba un oscuro pensar. ¿Acaso ellos me importaban? Por supuesto que no, y no me profesaba hipócrita al admitir que los mantenía a mi lado por pura conveniencia, los porqués y cuándo iba a deshacerme de ellos en el enorme mapa de combate que era la vida que pisaba, ni siquiera yo lo sabía. Pero ninguno de ellos me importaban, eran los peones en mi juego de ajedrez. Los primeros en caer. No obstante, habían un grupo muy reducido que se había ganado mi respeto y aprecio, pero la rubia sentada a mi lado, que acariciaba con la yema de sus dedos las teclas del piano frente a sus ojos creando una improvisada melodía, era demasiado valiosa para clasificarla en ningún tipo de grupo. Ella desataba en mi interior miles de sentimientos y emociones que me había encargado de enterrar en el rincón más oscuro de mi ser, rodeada de una solida pared de hielo seco. Imposible de derribar. Dawn lo hacía. ¿Y aun así pensaba que no me interesaba en lo absoluto por su bienestar? Estaba absoluta y completamente desquiciada. Prácticamente era un insulto hacia mi persona.
jueves 22 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
Palabras llenas de rabia, pasión, tiempo y sinceridad. Me ha gustado lo que has escrito. Un placer poder leerte.
Feliz cumpleañooosss *----*
Falicidades Willow divina (^)
Bue, lo tipico:
Que lo pases muuuy bien hoy con toda la gente que amas a tu lado, intenta no emborracharte mucho, que no queremos que se mueran esas lindas neuronas que más de un dolor de cabeza nos causan a nosotros(? jaja, nana, mentira mentira.
Besitos <3 *--------*
{Romi xd}
Publicar un comentario en la entrada